Crónica vampírica, día 1

(Miércoles 21 de agosto de 2024)

Son las 6 de la mañana y antes de que toque el despertador ya tengo los ojos como platos. La cabeza empieza a poner en duda si salir de viaje o abortar la operación. Miro la moto, todo preparado...el ángel y el demonio. Los nervios y el miedo que siempre se tiene a la hora de afrontar un viaje en solitario. Cabo Norte, Mostar, Brno, Bretaña Francesa, Marruecos...todos esos lugares han marcado un poquito en mí, cosas buenas y cosas no tan buenas, pero al fin y al cabo experiencias de vida que forman parte de esos granos de arena para la construcción de nuestra particular montaña.

Antes de las 7,30 mi amigo Juan, lo llamo amigo porque a veces pienso que es como si fuese mi hermano. Nos conocemos hace tan sólo 7 años y creo que jamás me ha dicho a nada que no. Sabe el significado pleno de la palabra amistad, y ahora está atravesando un bache que la vida le ha traído con maldad. Me trae una bolsa estanca, un adaptador de corriente universal y algo que me apetecía llevar conmigo, una red de seguridad para el equipaje hecho por Jose, amigo, me estás haciendo llorar ahora mismo...la hiciste con tus manos, y me va a acompañar en este viaje, porque si hay algo que tengo claro es que Juan y Jose, Jose y Juan, ese binomio inseparable y que ni tan siquiera la muerte va a separar jamás, vienen a mi lado subidos en mi moto. Ha sido difícil salir de viaje, muy muy difícil, y quien me conoce de cerca lo sabe. Pero tenía que hacerlo, y en solitario. Necesitaba nutrirme de esta experiencia, es una gasolina que cada cierto tiempo necesita mi carburador...

A las 8,15 y envuelto en un mar de dudas, salimos mi niña y yo dirección Barcelona, donde intentaremos coger el ferry con destino Civitavechia (Roma) y de esa forma evitar la tediosa y fea autopista de la costa francesa, atestada de tráfico por el movimiento a las playas cercanas.

Los primeros kms son delicados, feos, nerviosos, tensos...hasta que dejo la provincia de Jaén y la zona de El Jardín, y el baile de curvas enlazadas hacen que el ángel y el demonio decidan darse una pequeña tregua en mi cabeza. No podemos detenernos, se ha decidido, y vamos para delante. Como diría mi hermano italiano, el gran Ruggero Bofano..."VIAYEMOS!". Pues viajemos, ya habrá tiempo de sacar conclusiones.

Antes de afrontar la zona del jardín, paro a desayunar en Arroyo del Ojanco, en el restaurante que hay junto a la gasolinera Repsol. Al pedir mi "típico" desayuno, le digo al camarero..."y me pone usted 3 ajos", a lo que un hombre que había sentado en un taburete me dice..."sírvete", y me acerca media cabeza de ajos. Empezamos una conversación sobre los ajos, y me pregunta que hacia dónde me dirijo. Rumanía es mi respuesta, Drácula su apellido. Se echa a reír y me dice..
"Uf, eso son casi 4000 kms, no?". Me comenta que es de Balazote, Albacete, y que él todos los días desayuna media cabeza de ajos. Se cultivan en su pueblo. Os digo que hace mucho tiempo que no veía unos ajos tan grandes. Le pregunto si tiene para vender, y me dice que no, que son para "consumo propio" jejeje, que él es transportista y que siempre lleva su dosis consigo. Termina de desayunar, nos despedimos y yo continuo con mi desayuno. A veces, la vida nos demuestra que el seguir luchando, tiene su sentido, y que a pesar de lo que nos quieren hacer ver, el ser humano aún está por encima de todo lo malo. Cuál es mi sorpresa, que al salir a la moto, me habían dejado una bolsa con 10 o 12 cabezas de ajos. Joder, se me saltaron hasta las lágrimas, y no pude darle ni las gracias. En Balazote hay un tío grande, muy grande....




Antes de llegar a Albacete, en las largas rectas de llegada, algo me enciende un chivato...una higuera tras una casa abandonada...hostia! El radar. Freno como si me saliesen las órbitas de los ojos y el instinto me lleva a mirar el marcador en ese momento...noventa y algo...no sabemos el algo. Los coches de frente me echan las luces, todo hace presagiar un mal final, hasta que 5 kms después hay un pedazo de control de la Guardia civil en ambos sentidos... aquello parece la película piraña, no se escapa nadie. Al llegar, el guardia se tira a la carretera brazo arriba para darme el alto. A tomar por culo el buen rollo que llevaba después del momento ajos. Se acerca a mí, y me dice las palabras más bonitas que me ha dicho nunca nadie vestido de verde..."Buenos días, caballero. Puede usted continuar la marcha cuando quiera. Le he parado porque tenía que darle el alto al coche que venía detrás de usted e iban muy pegados". Salgo del lugar como el preso que liberan en Málaga en semana santa...


El día discurre bajo un calor sofocante, que se hace insoportable por las aburridas autovías que pasado Valencia nos empieza a pasar factura. Utilizamos la técnica de empapar bragas y camiseta, y de esa forma intentar tirar un poquito...la humedad es brutal...apenas como al mediodía, pues el agobio de no saber si llego al ferry y el asfixiante calor, hacen que sólo nos apetezca tomar líquido y fruta...

Los plátanos de oro en Cataluña...5 plátanos, 4 euros...el manos libres y una charla con mi amigo Miguel Ángel me hace afrontar mi llegada a la Ciudad Condal, de una forma más amena.

Sobre las 18,30 y tras un atasco monumental en el puerto de Barcelona provocado por un accidente, llego a la terminal de carga y compro el billete "low cost" pues el viaje consiste en eso, en mimetizarnos con el entorno...ha quedado hasta bien.

En la cola de carga, conozco a Manel, un taxista manresano a lomos de una KTM 790, que junto a su pareja rumana van a realizar una ruta por Grecia, Macedonia y Albania para finalmente llegar a Rumanía donde asistirán a una boda de un familiar.

Nada más subir al ferry, me encuentro a dos casi tan despistados como yo, buscando la sala de televisión, pues al no tener camarote ni butaca reservada, en esa zona hay asientos "medio cómodos" que se tumban. Resultan ser Michael (vaya nombre para ser italiano, mamón, jejeje) y Vittorio, dos italianos que también se acaban de conocer en la terminal de carga. Ambos vienen de pasar unos días en España, y ya vuelven a casa. Vittorio en Roma y Michael en el norte, junto a Eslovenia, pero entra por el centro en lugar de por Génova, por dar "un poco de vuelta". Michael es un guerrero, él se cataloga como vikingo, y la verdad que lo es. Ha estado ya dos veces en Noruega y viaja sin destino, duerme donde pilla y tiene un corazón que no le cabe en el pecho. La travesía con ellos dos, se hace un paseo, más aún si pidiendo unas cervezas conozco a Pedro, un camionero portugués de Porto Alegre que al escucharme hablar y verme con una camiseta de Faro, me facilita una tarjeta. Mi cara de asombro es importante...me dice que a partir de ahora, cuando vaya a pedir, le pida la tarjeta. Ellos tienen un descuento de un 40% en todo...si las cervezas las estábamos pagando a 5,50 (un abuso), pues al verlas a 3,30 como que la cosa empezó a tomar otro color...hasta el punto que la noche se prolongó hasta una hora que ya no recuerdo. Pedro nos presentó a sus dos amigos camioneros, españoles: Francisco y "el pistolas"...qué personaje...dice que empezó llamándose el cowboy porque llevaba un sombrero y unas botas, y que ya iba por pistolas...pero que la pistola la tenía caída...jejeje. Qué noche la de aquel día! Ya de vuelta a las "poltronas", intentamos dormir algo sobre 3 butacas, que se me clavan en las costillas y tela telita...

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